Más bien sospecha que también el escenario de los sueños es distinto al de la vida de representación de la vigilia. «Si el escenario de la actividad psicofísica durante el sueño y durante la vigilia fuese el mismo, el sueño podría ser, a mi juicio, tan solo una continuación de la vida de representación de la vigilia, mantenida en un grado inferior de intensidad, y por lo demás tendría que compartir su materia y su forma. Pero las cosas suceden de muy otro modo.»
Lo que Fechner quiere decir con semejante reubicación de la actividad anímica seguramente no ha quedado claro; y tampoco ningún otro, que yo sepa, ha seguido avanzando por el camino cuyo rastro indicó en aquella observación.
Habrá que excluir, sin duda, una interpretación anatómica en el sentido de la localización cerebral fisiológica o incluso con respecto a la estratificación histológica de la corteza cerebral. Pero tal vez la idea resulte en su día ingeniosa y fecunda si se la aplica a un aparato anímico que está construido a partir de varias instancias dispuestas una tras otra.
Otros autores se han contentado con destacar una u otra de las peculiaridades psicológicas más tangibles de la vida onírica y tomarla, por ejemplo, como punto de partida para intentos de explicación más amplios.
Warum wir an die Realität der Traumbilder glauben?
Se ha señalado con razón que una de las peculiaridades fundamentales de la vida onírica se manifiesta ya en el estado de adormecimiento y ha de calificarse como un fenómeno que induce el sueño.