En el análisis me parece improbable que la fama del Dr. Lecher, el orador incansable de la obstrucción alemana en el Parlamento, me preocupe durante mis sueños.
El caso es que hace unos días admití a nuevos pacientes para su cura psíquica y ahora me veo obligado a hablar de diez a once horas diarias. Así que yo mismo soy uno de esos oradores incansables.
III. Sueño otra vez que un profesor conocido mío de nuestra universidad dice: Mi hijo, el míope. Sigue luego un diálogo, compuesto de breves parlamentos y réplicas. Pero a continuación sigue un tercer fragmento del sueño en el que aparecemos yo y mis hijos, y para el contenido latente del sueño, padre e hijo, el profesor M., son solo testaferros que encubren a mí y a mi hijo mayor.
Trataré este sueño más abajo a causa de otra peculiaridad.
IV. Un ejemplo de sentimientos egoístas verdaderamente bajos, ocultos tras una tierna preocupación, lo ofrece el siguiente sueño:
- Mi amigo Otto tiene mal aspecto, está moreno de cara y tiene los ojos saltones.
Otto es mi médico de cabecera, con quien sigo irremediablemente en deuda porque desde hace años vigila la salud de mis hijos, los trata con éxito cuando enferman y, además, les hace regalos en cuantas ocasiones le sirven de pretexto. Estuvo de visita el día del sueño, y entonces mi mujer observó que se le veía cansado y agotado. Por la noche acude mi sueño y le presta algunos de los signos de la enfermedad de Basedow. Quien se libere de mis reglas en la interpretación de los sueños, entenderá este sueño en el sentido de que estoy preocupado por la salud de mi amigo, y de que esa preocupación se realiza en el sueño. Ello constituiría una