- Las representaciones que se transfieren mutuamente sus intensidades se encuentran en las relaciones más laxas entre sí y están vinculadas por aquellos tipos de asociaciones que nuestro pensamiento desdeña y que solo se dejan para el aprovechamiento del efecto ingenioso. En particular, las asociaciones por consonancia y por la materialidad de las palabras se consideran equivalentes a las demás.
- Los pensamientos contradictorios no aspiran a anularse mutuamente, sino que coexisten, se unen a menudo, como si no existiera contradicción alguna, para dar lugar a productos de condensación o forman compromisos que jamás perdonaríamos a nuestro pensamiento, pero que con frecuencia aprobamos en nuestros actos.
Estos serían algunos de los procesos anormales más llamativos a los que son sometidos los pensamientos oníricos, formados previamente de manera racional, en el curso de la labor del sueño. Se reconoce como su carácter principal que se pone todo el empeño en hacer que la energía de investidura sea móvil y susceptible de descargas; el contenido y el significado propio de los elementos psíquicos a los que están adheridas estas investiduras pasan a ser secundarios.
Todavía se podría pensar que la condensación y la formación de compromisos ocurren únicamente al servicio de la regresión, cuando se trata de transformar pensamientos en imágenes. Pero el análisis —y aún más claramente— la síntesis de aquellos sueños que carecen de regresión a imágenes, por ejemplo el sueño «Autodidasker – Conversación con el consejero áulico N.», arrojan los mismos procesos de desplazamiento y condensación que los demás.
Así pues, no podemos sustraernos a la convicción de que en la formación de los sueños intervienen dos procesos psíquicos de esencia muy diversa: