el hecho de que yo haya recorrido en coche un tramo que por lo demás se hace en tren. En realidad fue al revés (y «al revés también se ha viajado»); yo le había dicho a mi hermano: El tramo que haces en el metropolitano también puedes hacerlo en mi compañía en el ferrocarril del Oeste. Toda esta confusión onírica la provoco al insertar en el sueño «coche» en lugar de «metropolitano», lo cual presta, ciertamente, buenos servicios para la fusión del cochero con el hermano. Obtengo entonces en el sueño algo insensato, que apenas parece desentrañable en la explicación, y produzco casi una contradicción con una frase anterior mía («En la propia línea férrea no puedo ir con usted»). Mas, dado que no necesito en absoluto confundir el metropolitano y el carruaje de un caballo, he tenido que configurar intencionadamente de este modo toda esta enigmática historia en el sueño.
La absurdidad es una creada deliberadamente.
¿Con qué intención, sin embargo? Vamos a enterarnos ahora de qué significa el absurdo en el sueño y por qué motivos se admite o se crea. La solución del enigma en el presente caso es la siguiente: necesito en el sueño un absurdo y algo incomprensible en relación con el hecho de «viajar» [o de «ir en coche/tren»], porque
tengo en los pensamientos del sueño un cierto juicio que exige representación. Una noche, en casa de aquella dama hospitalaria e ingeniosa que en otra escena del mismo sueño aparece como «ama de llaves», había oído dos acertijos que no pude resolver. Como eran conocidos por el resto de la compañía, con mis infructuosos esfuerzos por hallar la solución hice un papel algo ridículo. Eran dos equívocos con «descendientes» [Nachkommen] y «ascendientes» [Vorfahren]. Decían, creo, así:
Resultaba desconcertante que la segunda adivinanza fuera