En el estado que se utiliza para el análisis de los sueños y de las ideas patológicas, se renuncia consciente y voluntariamente a dicha actividad y se emplea la energía psíquica ahorrada (o una parte de ella) en seguir atentamente los pensamientos involuntarios que ahora emergen, los cuales conservan su carácter de representaciones (esta es la diferencia respecto al estado de adormecimiento). De este modo se convierten las representaciones «involuntarias» en «voluntarias».
Dificultades del material.
La actitud que aquí se exige ante ocurrencias aparentemente «espontáneas», renunciando a la crítica que de otro modo se ejerce contra ellas, parece no resultarle fácil a algunas personas. Los «pensamientos involuntarios» suelen desatar la resistencia más violenta, que intenta impedir que afloren. Si, sin embargo, damos crédito a nuestro gran poeta y filósofo Fr. Schiller, una actitud muy similar debe constituir también la condición de la producción poética.
En un lugar de su correspondencia con Körner, cuyo hallazgo debemos agradecer a Otto Rank, Schiller responde a la queja de su amigo sobre su falta de productividad: > «El motivo de tus quejas radica, según me parece, en la coacción que tu entendimiento impone a tu imaginación. Debo aquí arrojar un pensamiento y hacerlo perceptible mediante una comparación. No parece ser bueno, y resulta perjudicial para la obra creadora del alma, si el entendimiento pasa revista con demasiada severidad a las ideas que afluyen, por así decirlo, ya en las puertas. Una idea, considerada de forma aislada, puede ser muy insignificante y muy aventurada, pero tal vez cobre importancia gracias a otra que le suceda; tal vez, en