pocos días recibí una carta desesperada suya desde Egipto, en la que contaba que allí había sufrido un nuevo ataque que el médico había diagnosticado como disentería. Aunque sospecho que el diagnóstico es solo un error del ignorante colega, que se deja engañar por la histeria, no pude ahorrarme los reproches de haber puesto al enfermo en situación de contraer, además de su afección intestinal histérica, acaso una orgánica. La disentería evoca además la difteria, cuyo nombre ††† no se menciona en el sueño.
Sí, tiene que ser así, que yo me burle del Dr. M. con el pronóstico consolador: > Aún sobrevendrá una disentería, etc., pues recuerdo que él mismo me contó riendo, hace ya años, algo muy parecido acerca de otro colega. Había sido llamado en consulta con este colega junto a un enfermo grave y se vio en la obligación de hacerle ver al otro, que parecía muy optimista, que encontraba albúmina en la orina del paciente. Pero el colega no se dejó