pensar.
La vergüenza apurada del soñador y la indiferencia de la gente dan juntas una contradicción como la que suele darse frecuentemente en el sueño. A la sensación del soñador solo le cuadraría, en verdad, que los desconocidos lo mirasen con asombro y se burlasen de él, o se indignasen. Pero yo opino que este rasgo ofensivo ha quedado eliminado mediante la realización de deseos, mientras que el otro, retenido por algún poder, se mantuvo, y así ambas piezas encajan mal la una con la otra. Poseemos un testimonio interesante de que el sueño, en su forma parcialmente disorsionada por la realización de deseos, no ha encontrado la comprensión correcta. Pues se ha convertido en la base de un cuento
que nos es conocido a todos en la versión de Andersen30, y que en los últimos tiempos ha sido llevado al aprovechamiento poético por L. Fulda en «El talismán». En el cuento de Andersen se habla de dos estafadores que tejen para el emperador un precioso ropaje, el cual, sin embargo, solo debe ser visible para los buenos y leales. El emperador sale vestido con este ropaje invisible y, aterrorizada por la fuerza de toque de piedra del tejido, toda la gente hace como si no notara la desnudez del emperador.
Esta última es, sin embargo, la situación de nuestro sueño. No hace falta gran audacia para suponer que el incomprensible contenido onírico ha dado pie a inventar un ropaje en el que la situación presente en el recuerdo adquiere sentido. Al mismo tiempo, dicho contenido ha sido despojado de su significado original y puesto al servicio de fines extraños. Pero oiremos que semejante malentendido del contenido del sueño por parte de la actividad consciente del pensamiento de un segundo sistema psíquico ocurre con frecuencia y debe reconocerse como un factor de la configuración definitiva del sueño; asimismo, que en la formación de ideas obsesivas y fobias desempeñan un papel principal malentendidos semejantes —igualmente dentro de la misma personalidad psíquica—. También puede señalarse, respecto a nuestro sueño, de dónde se toma el material para la reinterpretación. El estafador es el sueño, el emperador es