rápido curso de las representaciones del sueño le corresponde la fuga de ideas de la psicosis. En ambos falta toda mesura temporal. La escisión de la personalidad en el sueño, que p. ej. reparte el saber propio entre dos personas, de las cuales la ajena corrige al propio yo en el sueño, es totalmente equivalente a la conocida división de la personalidad en la paranoia alucinatoria; también el soñador oye sus propios pensamientos expresados por voces ajenas. Hasta para las ideas delirantes constantes se encuentra una analogía en los sueños patológicos que se repiten estereotipadamente (rêve obsédant). – Tras la curación de un delirio, los enfermos no pocas veces dicen que todo el tiempo de su enfermedad les parece un sueño a menudo no desagradable, es más, nos comunican que ocasionalmente, aun durante la enfermedad, habían presagiado que solo estaban atrapados en un sueño, tal como ocurre a menudo en el sueño de la noche.
Después de todo esto, no es de extrañar que Radestock resuma su opinión —como la de muchos otros— en las palabras de que
«la locura, un fenómeno patológico anormal, debe considerarse como una intensificación del estado onírico normal que se repite periódicamente» (p. 228).
Aún más íntima quizás de lo que es posible mediante esta analogía de los fenómenos que se manifiestan, ha querido Krauss fundamentar el parentesco del sueño y la locura en la etiología (más bien: en las fuentes de excitación).
El elemento fundamental común a ambos es, según hemos oído, la sensación orgánicamente condicionada, la sensación de estímulo corporal, el cenestesia surgida por las contribuciones de todos los órganos (véase Peisse en Maury [p. 52]).