incomprensión. Para nuestra interpretación sigue vigente la regla de desatender en todos los casos la aparente ilación del sueño —por ser sospechosa en cuanto a su origen— y tomar, tanto de lo claro como de lo confuso, el mismo camino de retorno hacia el material onírico.
Pero con esto advertimos de qué depende esencialmente la escala de calidades de los sueños, mencionada arriba en la pág. 245, que va de lo confuso a lo claro.
Claras nos parecen aquellas partes del sueño en las que la elaboración secundaria ha podido lograr algo; confusas, aquellas otras en las que la fuerza de este rendimiento ha fracasado.
Puesto que las partes confusas del sueño son tan frecuentemente también las de menor viveza, podemos sacar la conclusión de que a la labor secundaria de los sueños también se la debe responsabilizar de una contribución a la intensidad plástica de las distintas formaciones oníricas.
Si he de buscar en alguna parte un objeto de comparación para la conformación definitiva del sueño, tal como se produce bajo el efecto del pensamiento normal, no se me ofrece otro que aquellas enigmáticas inscripciones con las que los Fliegenden Blätter entretuvieron durante tanto tiempo a sus lectores. Para una determinada frase, perteneciente al dialecto por mor del contraste y de un significado lo más recóndito posible, debe suscitarse la expectativa de que contiene una inscripción latina. Con este propósito, los elementos alfabéticos de las palabras son arrancados de su unión en sílabas y reordenados. * Aquí y allá surge una palabra genuinamente latina, * en otros lugares creemos tener ante nosotros abreviaturas de tales palabras, * y en aún otros puntos de la inscripción nos dejamos engañar sobre el sinsentido de las letras aisladas mediante la apariencia de partes erosionadas o de lagunas en la inscripción. Si no queremos