Un paciente soñó en una larga secuencia que en una cafetería se tomaba una «Kontuszówka», pero después del relato preguntó qué vendría a ser eso; nunca había oído el nombre.
Pude responderle que la Kontuszówka era un aguardiente polaco que él no podía haber inventado en sueños, ya que a mí el nombre me era conocido desde hacía tiempo por unos carteles. El hombre al principio no quiso creerme.
Unos días más tarde, después de haber convertido su sueño en realidad en una cafetería, advirtió el nombre en un cartel, concretamente en una esquina por la cual desde hacía meses tenía que pasar al menos dos veces al día.
Ich habe selbst an eigenen Träumen erfahren, wie sehr man mit der Aufdeckung der Herkunft einzelner Traumelemente vom Zufalle abhängig bleibt.
So verfolgte mich durch Jahre vor der Abfassung dieses Buches das Bild eines sehr einfach gestalteten Kirchturmes, den gesehen zu haben ich mich nicht erinnern konnte. Ich erkannte ihn dann plötzlich, und zwar mit voller Sicherheit, auf einer kleinen Station zwischen Salzburg und Reichenhall. Es war in der zweiten Hälfte der Neunzigerjahre, und ich hatte die Strecke im Jahre 1886 zum erstenmal befahren.
En años posteriores, cuando ya me dedicaba intensamente al estudio de los sueños, la imagen onírica, de frecuente recurrencia, de cierto lugar extraño llegó a resultarme casi molesta.
Veía, en determinada relación espacial conmigo, a mi izquierda, un cuarto oscuro del que sobresalían varias figuras grotescas de arenisca. Un destello de recuerdo, al que no quería dar mucho crédito, me decía que era la entrada a una cervecería; sin embargo, no lograba esclarecer qué pretendía significar esa imagen onírica ni de dónde procedía.