en conexiones que los conceptuales. Puede imaginarse que una buena parte del trabajo intermedio en la formación del sueño —el cual procura reducir los pensamientos oníricos separados a la expresión más concisa y unitaria posible en el sueño— se lleva a cabo de este modo, mediante la adecuada transformación lingüística de los pensamientos individuales. Uno de los pensamientos, cuya expresión esté fijada por otros motivos, influirá entonces de manera distributiva y selectiva en las posibilidades de expresión del otro, y esto tal vez desde un principio, de forma similar a como ocurre en la labor del poeta. Si ha de surgir un poema en rima, el segundo verso rimado está sujeto a dos condiciones: debe expresar el sentido que le corresponde y su expresión debe hallar la consonancia con el primer verso. Los mejores poemas son probablemente aquellos en los que no se nota la intención de encontrar la rima, sino en los que ambos pensamientos, desde un principio y por inducción recíproca, han elegido la expresión lingüística que hace surgir la consonancia con un leve retoque posterior.
En algunos casos, la permutación de la expresión sirve a la condensación onírica por una vía aún más corta, al hacer posible hallar una combinación de palabras que, por ser ambigua, permite expresar más de uno de los pensamientos del sueño. Todo el campo del chiste verbal se pone así al servicio de la labor onírica. No hay que asombrarse del papel que le corresponde a la palabra en la formación de los sueños. La palabra, como el nudo de múltiples representaciones, es por así decirlo una ambigüedad predestinada, y las neurosis (ideas obsesivas, fobias) se valen de las ventajas que la palabra ofrece de este modo para la condensación y el disfraz no menos descaradamente que el sueño19. Es fácil demostrar