begehrteste Spielzeug seiner frühen Kinderzeit gewesen war, woran er sich selbst nicht mehr erinnern konnte.
Si ahora nos apartamos del contenido manifiesto del sueño para pasar a los pensamientos oníricos que la análisis revela por primera vez, puede constatarse con asombro la participación de las vivencias infantiles incluso en aquellos sueños cuyo contenido no habría despertado semejante conjetura.
Al estimado colega del «León Amarillo» le debo un ejemplo especialmente amable y aleccionador de tal sueño. Tras la lectura del relato de viaje de Nansen sobre su expedición polar, soñó que, en un desierto de hielo, ¡galvanizaba al audaz explorador a causa de una ciática de la que este se quejaba!
Para el análisis de este sueño se le ocurrió un relato de su infancia, sin el cual el sueño ciertamente sigue siendo incomprensible. Cuando era un niño de tres o cuatro años, escuchó un día con curiosidad cómo los adultos hablaban de viajes de descubrimiento (Entdeckungsreisen), y luego le preguntó a papá si aquello era una enfermedad grave (Reißen). Había confundido evidentemente los viajes (Reisen) con los «reúmas» (Reißen), y las burlas de sus hermanos se encargaron de que aquella vergonzosa vivencia no cayera en el olvido.
Un caso muy parecido es aquel en que, al analizar el sueño de la monografía sobre el género Cyclamen, tropiezo con un recuerdo de infancia conservado: el de que el padre le cede al niño de cinco años un libro provisto de láminas en color para que lo destruya. Se planteará acaso la duda de si este recuerdo realmente ha tomado parte en la conformación del contenido onírico, o si más bien la labor del análisis no hace sino establecer una relación a posteriori. Pero la riqueza y el enmarañamiento de los nexos asociativos garantizan la primera de estas interpretaciones: Cyclamen – flor favorita – plato favorito – alcachofa; deshojar