contradicción no solo con la afirmación de que el sueño es un cumplimiento de deseos, sino también con la otra, de que solo es accesible a mociones egoístas. Pero quien interprete así, que me explique por qué temo en Otto la enfermedad de Basedow, ¡a cuyo diagnóstico su aspecto no da tampoco el más mínimo motivo! Mi análisis aporta, en cambio, el siguiente material procedente de un acontecimiento ocurrido hace seis años. Íbamos, un pequeño grupo en el que también se encontraba el profesor R., en profunda oscuridad por el bosque de N., a unas pocas horas de distancia de nuestra residencia de verano. El cochero, no del todo sobrio, nos tiró con el coche por un terraplén, y aún fue una suerte que saliéramos todos ilesos. Pero nos vimos obligados a pasar la noche en la posada más próxima, donde la noticia de nuestro accidente despertó una gran simpatía hacia nosotros. Un caballero que presentaba los inequívocos signos del morbus Basedowii –por lo demás, solo bronceado de la piel de la cara y ojos saltones, exactamente igual que en el sueño, sin bocio– se puso enteramente a nuestra disposición y preguntó qué podía hacer por nosotros. El profesor R., con su característico tono tajante, respondió: Nada más que prestarme una camisa de dormir. A lo que replicó el noble: Lo siento, no puedo hacer eso, y se marchó.
Zur Fortsetzung der Analyse fällt mir ein, daß Basedow nicht nur der Name eines Arztes ist, sondern auch der eines berühmten Pädagogen. (Im Wachen fühle ich mich jetzt dieses Wissens nicht recht sicher.) Freund Otto ist aber diejenige Person, die ich gebeten habe, für den Fall, daß mir etwas zustößt, die körperliche Erziehung meiner Kinder, speziell in der Pubertätszeit (daher das Nachthemd), zu überwachen. Indem ich nun Freund Otto im Traume mit den Krankheitssymptomen jenes edlen Helfers sehe, will ich offenbar sagen: Wenn mir etwas zustößt, wird von ihm ebensowenig etwas für die Kinder zu haben sein, wie damals von Herrn Baron L. trotz seiner liebenswürdigen Anerbietungen.