A plena prescindencia de toda la riqueza posible en la ejecución, una actividad fantasiosa simbolizadorapermanece como la fuerza central de todo sueño. Penetrar más hondamente en el carácter de esta fantasía, asignar a la actividad psíquica así reconocida su lugar en un sistema de pensamientos filosóficos: eso fue lo que intentó Volkelt en su libro, bello y cálido, pero que sigue siendo demasiado difícil de entender para cualquiera que no esté preparado por una temprana disciplina para la aprehensión intuitiva de esquemas conceptuales filosóficos.
Una función útil no está asociada al ejercicio de la fantasía simbolizadora de Scherner en los sueños.
La mente juega soñando con los atractivos que se le ofrecen. Podría sospecharse que juega de forma traviesa. Pero también se nos podría plantear la pregunta de si nuestra profunda ocupación con la teoría del sueño de Scherner puede conducir a algo útil, cuya arbitrariedad y desvinculación de las reglas de toda investigación parecen demasiado evidentes.
Por lo tanto, procedería interponer un veto contra el rechazo de la teoría de Schermer antes de cualquier examen, por considerarlo demasiado arrogante.
Esta teoría se edifica sobre la impresión que los sueños causaron en alguien que les prestó gran atención y que personalmente parece muy bien dotado para indagar en los oscuros asuntos del alma. Trata, además, de un objeto que durante milenios se le ha antojado enigmático al ser humano, pero al mismo tiempo lleno de contenido y relaciones, y a cuya clarificación la severa ciencia, tal como ella misma confiesa, no ha contribuido mucho más que a intentar negarle al objeto, en total oposición al sentimiento popular, su contenido y su significación.
Por fin queremos confesarnos honradamente que da la impresión de que, en nuestros intentos por esclarecer el sueño, no podremos evitar fácilmente la fantasmagoría.