la pesadilla al utilizar el contenido latente de estas extrañas experiencias nocturnas para esclarecer ciertas formas de la superstición medieval (la creencia en brujas y demonios, el hombre lobo, el vampiro, etc.); Abraham emprendió una exitosa interpretación de la saga de Prometeo al demostrar que las reglas de la teoría analítica de los sueños son aplicables con éxito a las creaciones de la fantasía popular; y Rank pudo poner a prueba el valor de la interpretación psicoanalítica de los mitos mediante el simbolismo, tan debatido, que precisamente aquí demostró ser irreprochable. Se puso de manifiesto que en el «mito del nacimiento del héroe», el abandono del recién nacido en un cofre y en el agua era una expresión simbólica y tendenciosamente deformada del proceso del nacimiento, tal como ocurre en los sueños de nacimiento ya analizados. Así pues, resultaba obvio fundamentar muchos símbolos oníricos aparentemente individuales desde la psicología de los pueblos, del mismo modo que utilizar los significados conocidos por el sueño para esclarecer las tradiciones míticas. Al mismo tiempo, por este camino se preparó una comprensión más profunda de ciertos hechos histórico-culturales, pues con frecuencia el símbolo resultó ser el sedimento de una identidad tomada originalmente como real.
Significado mítico y fundamento histórico-cultural de la simbolización.
Estas múltiples relaciones del simbolismo con el sueño, el mito y la historia de la cultura queden ilustradas mediante un ejemplo que valga por varios. Si hoy hallamos el fuego utilizado en un sueño como símbolo del amor, el estudio de la historia de la cultura nos enseña que a esta imagen, descendida casi a la categoría de alegoría, le correspondió originariamente una significación real, de tremenda importancia para el desarrollo de la humanidad. La producción del fuego ha representado en verdad alguna vez el acto sexual mismo; es decir, estaba investida de