vedado, por ejemplo, el acceso a una nueva serie de pensamientos oníricos. Es una expectativa justificada por nada la de que las piezas oníricas perdidas se hubieran referido asimismo solo a aquellos pensamientos que ya conocemos por el análisis de las conservadas1.
Ante la superabundancia de ocurrencias que el análisis aporta sobre cada uno de los elementos del contenido onírico, en todo lector surgirá la duda fundamental de si se puede considerar que todo lo que a uno se le ocurre a posteriori durante el análisis forma parte de los pensamientos del sueño; es decir, ¿se puede suponer que todos estos pensamientos ya estaban activos durante el estado de sueño y colaboraron en la formación de este? ¿No ocurrirá más bien que, durante el análisis, surgen nuevas conexiones de pensamiento que no tuvieron parte en la formación del sueño? Solo de manera condicional puedo sumarme a esta duda. Que algunas conexiones de pensamiento surjan recién durante el análisis es ciertamente correcto; pero uno puede convencerse cada vez de que tales conexiones nuevas solo se establecen entre pensamientos que ya están unidos de otro modo en los pensamientos del sueño; las nuevas conexiones son, por decirlo así, derivaciones, cortocircuitos, posibilitados por la existencia de otras vías de conexión más profundas. En cuanto a la gran mayoría de las masas de pensamiento descubiertas en el análisis, hay que admitir que ya estuvieron activas en la formación del sueño, pues, cuando uno se ha ab abierto paso a través de una cadena de tales pensamientos que parecen no tener relación con la formación del sueño, tropieza de repente con un pensamiento que, representado en el contenido onírico, es indispensable para la interpretación de los sueños y, sin embargo, no era accesible de otro modo que a través de esa cadena de pensamientos. Compárese