como yo podría ejercerla en estado de vigilia. Tampoco es nada infrecuente que sea meramente la precursora del despertar; con aún mayor frecuencia le precede incluso un sentimiento penoso que se calma tras la constatación del estado onírico. El pensamiento «Esto no es más que un sueño» durante el sueño pretende, sin embargo, lo mismo que debe expresar en pleno escenario en boca de la bella Helena de Offenbach; quiere rebajar la importancia de lo recién vivido y hacer posible la tolerancia de lo que sigue. Sirve para adormecer a una determinada instancia que, en el momento dado, tendría toda la razón para agitarse y prohibir la continuación del sueño —o de la escena—. Pero resulta más cómodo seguir durmiendo y tolerar el sueño «porque al fin y al cabo no es más que un sueño». Imagino que la crítica despreciativa: «No es más que un sueño», aparece entonces en el sueño cuando la censura, que nunca duerme del todo, se siente sorprendida por el sueño ya admitido. Es demasiado tarde para reprimirlo, por lo que sale al paso con esa observación de la angustia o de la sensación penosa que surge a raíz del sueño. Es una manifestación del esprit d'escalier por parte de la censura psíquica.
Porcentaje de la elaboración secundaria en la creación del sueño.
Pero con este ejemplo tenemos una prueba irrefutable de que no todo lo que el sueño contiene proviene de los pensamientos oníricos, sino que una función psíquica, inseparable de nuestro pensamiento despierto, puede aportar contribuciones al contenido del sueño.
Ahora bien, cabe preguntarse: ¿ocurre esto solo en muy raras excepciones, o a la instancia psíquica que de otro modo actúa únicamente como censura le corresponde una participación regular en la formación del sueño?
Hay que decidirse sin vacilación por lo segundo. Es