Si ahora sustituimos estas instancias por sistemas en el sentido de nuestros supuestos, el conocimiento mencionado en último lugar situará al sistema crítico en el extremo motor. Incorporamos ahora los dos sistemas a nuestro esquema y expresamos en los nombres que se les han otorgado su relación con la conciencia.
Al último de los sistemas en el extremo motor lo llamamos el preconsciente, para indicar que los procesos de excitación en el mismo pueden llegar a la conciencia sin más demora, siempre que se cumplan ciertas condiciones, p. ej., la consecución de una cierta intensidad, una cierta distribución de aquella función que ha de llamarse atención, y cosas por el estilo.
Es al mismo tiempo el sistema que posee las llaves de la motilidad voluntaria.
Al sistema que hay detrás lo llamamos el inconsciente, porque no tiene acceso a la conciencia, sino a través del preconsciente, en cuyo tránsito su proceso de excitación ha de consentir modificaciones.
¿En cuál de estos sistemas trasladamos ahora el impulso para la formación de los sueños? Por mor de la simplificación, al sistema Inc. Oiremos, es cierto, en ulteriores discusiones, que esto no es del todo correcto, que la formación del