carácter parental, y también el mito heroico se sirve del mismo recurso de representación para poder dar rienda suelta, sin reproches, a las mociones ambivalentes dirigidas a los padres.
Como ejemplo, citaremos aquí un cuento sumamente difundido en el que un sueño que fundamenta toda la historia tal vez señale la relación de esta narración con un material onírico típico. El cuento, cuyas paralelas ha rastreado Th. Benfey (Kl. Schr. III) por toda la tierra, comienza con que el hijo sueña que llegará a ser más noble que su padre, a saber, emperador. Se vuelve entonces soberbio y reacio, de modo que el padre, a quien no quiere revelar el motivo (es decir, su sueño), le propina una paliza y lo echa de casa. Llega ahora a la corte del emperador, a quien tampoco quiere revelar su secreto (el sueño), por lo cual es encerrado y condenado a morir de hambre. Sin embargo, logra abrir un anjeo en el muro de su calabozo y entrar así todas las noches en relación con la hija del rey, quien se enamora de él y lo alimenta. Mediante la adivinación de difíciles acertijos o la resolución de arduas tareas (lanzamiento de lanza, etc.), finalmente logra conquistar en verdad la mano de la hija del rey, eliminar (matar) a su padre y adueñarse de su herencia. Este breve resumen, que reproduce tan solo la variante más frecuente de la intrincada fábula, muestra ya de sobra que se trata de la conocida novela familiar del ambicioso, quien eleva a su padre (en la fantasía) a emperador y luego lo elimina para ocupar su lugar. Con este lugar se alude, como ha demostrado la investigación psicoanalítica de la formación de la fantasía individual y mítica, en lo más profundo, a la posesión de la madre111, que