la labor onírica se sirve para la expresión de los pensamientos oníricos tan a menudo como
Que el proceso onírico es rápido y momentáneo nos parece correcto en lo que respecta a la percepción del contenido onírico preformado por parte de la conciencia; para las piezas precedentes del proceso onírico hemos hallado probable un desarrollo lento y ondulante. Al enigma del contenido onírico, hiperabundante y comprimido en el más breve instante, pudimos aportar la contribución de que se trata de la captura de formaciones ya acabadas de la vida psíquica. Que el sueño es desfigurado y mutilado por el recuerdo nos pareció correcto, pero no un obstáculo, dado que esto es solo la última pieza manifiesta de una labor de desfiguración activa desde el principio de la formación del sueño. En la disputa encarnizada y aparentemente irreconciliable sobre si la vida anímica duerme por la noche o dispone de toda su capacidad de rendimiento como de día, hemos podido dar la razón a ambas partes y, sin embargo, a ninguna por completo. En los pensamientos oníricos hallamos las pruebas de un rendimiento intelectual sumamente complejo, que opera con casi todos los medios del aparato anímico; sin embargo, no es refutable que estos pensamientos oníricos surgieron de día, y es indispensable suponer que existe un estado de sueño de la vida anímica. Así cobró validez incluso la doctrina del sueño parcial; mas no hemos hallado la característica del estado de sueño en la disolución de los nexos anímicos, sino en la actitud del sistema psíquico que domina el día hacia el deseo de dormir. La desviación del mundo exterior conservó también para nuestra concepción su importancia; ella ayuda, aun cuando no sea como único factor, a hacer posible la regresión de la representación onírica. La renuncia a la dirección voluntaria del curso de las representaciones es indiscutible; pero la vida anímica no se vuelve por ello carente de objetivos, pues hemos sabido que, tras abandonar las