ejemplo, ocurrírseme un número de forma completamente arbitraria; no es posible; el número que se me ocurre está determinada de manera unívoca y necesaria por pensamientos en mi interior que pueden estar alejados de mi propósito momentáneo1. Tampoco son en modo alguno arbitrarias las modificaciones que experimenta el sueño durante la redacción de la vigilia. Permanecen en conexión asociativa con el contenido en cuyo lugar se sitúan, y sirven para mostrarnos el camino hacia ese contenido, el cual a su vez puede ser el sustituto de otro.
Yo suelo hacer con mis pacientes, en el análisis de los sueños, la siguiente prueba para comprobar esta afirmación, y nunca sin éxito. Si el relato de un sueño me parece al principio difícil de comprender, le ruego al narrador que lo repita. Rara vez lo hace con las mismas palabras.
Pero aquellos pasajes en los que ha cambiado la expresión se me han revelado como los puntos débiles del disfraz del sueño; me sirven igual que a Hagen la marca bordada en la vestimenta de Sigfrido. Por ahí puede comenzar la interpretación de los sueños.
El narrador ha quedado advertido por mi petición de que pienso emplear un esfuerzo especial en descifrar el sueño; por lo tanto, bajo la presión de la resistencia, protege rápidamente los puntos débiles del disfraz del sueño sustituyendo una expresión delatora por otra más alejada. Así me llama la atención sobre la expresión que él mismo ha abandonado.
A partir del esfuerzo con el que se defiende la solución del sueño, también puedo deducir el esmero con el que se ha tejido su ropaje.
Significado de las adiciones oníricas.
Menos razón tienen los autores cuando conceden tanto espacio a la duda con que nuestro juicio acoge el relato del sueño. Esta duda carece en efecto de una garantía intelectual; nuestra memoria no conoce garantía