y cada órgano corporal por una parte de la casa. En los “sueños de estímulo dental”, al órgano de la boca le corresponde un vestíbulo de gran bóveda, y al descenso de la faringe hacia el esófago, una escalera; en el “sueño de dolor de cabeza”, para designar la posición elevada de la cabeza se elige el techo de una habitación, el cual está cubierto de asquerosas arañas semejantes a sapos» (p. 39). > > «Estos símbolos son empleados por el sueño en múltiple selección para el mismo órgano; así, el pulmón que respira halla su símbolo en el horno lleno de llamas con su fragor; el corazón, en cajas y cestas huecas; la vejiga urinaria, en objetos redondos, en forma de bolsa o simplemente cóncavos. Es de particular importancia que, al final del sueño, el órgano excitante o su función sean presentados con frecuencia de forma descubierta, y por lo general en el propio cuerpo del soñador. Así, el “sueño de estímulo dental” suele terminar con que el soñador se arranca un diente de la boca» (p. 35). No se puede decir que esta teoría de la interpretación de los sueños haya hallado mucho favor entre los autores. Se antojó sobre todo extravagante; uno incluso ha vacilado en descubrir la porción de justificación que, a mi juicio, puede reclamar. Conduce, como se ve, a la revitalización de la interpretación de los sueños por medio de la simbología, de la cual se servían los antiguos, solo que el ámbito del cual ha de extraerse la interpretación queda limitado a los confines de la corporeidad humana. La carencia de una técnica científicamente aprehensible en la interpretación debe menoscabar gravemente la aplicabilidad de la doctrina de Scherner. La arbitrariedad en la interpretación de los sueños no parece en modo alguno excluida, máxime cuando también aquí un estímulo puede manifestarse en múltiples representaciones dentro del contenido onírico; así, ya el discípulo de Scherner, Volkelt, no
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V. El material del sueño y las fuentes del sueño.
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