fuerte cantidad de deseos inconscientes que ahora actúan como generadores de sueños en el estado de adormecimiento. En la interpretación de los sueños jamás se debe olvidar esta importancia de los complejos sexuales, como tampoco se debe, por supuesto, exagerarla hasta la exclusividad.
En muchos sueños se podrá comprobar, mediante una interpretación minuciosa, que deben entenderse ellos mismos como bisexuales, al arrojar una sobredeterminación ineludible en la que realizan mociones homosexuales, es decir, contrarias a la actividad sexual normal de la persona que sueña. Pero que todos los sueños deban interpretarse como bisexuales, tal como afirman W. Stekel56 y Alf. Adler57, me parece una generalización tan indemostrable como improbable, que no quisiera respaldar. Ante todo, no sabría cómo apartar la evidencia de que existen numerosos sueños que satisfacen necesidades distintas de las eróticas —en el sentido más amplio—, como los sueños de hambre y sed, los sueños de comodidad, etc.