Sería equívoco dirigir a Robert la pregunta de cómo puede lograrse una descarga del alma mediante la representación en el sueño.
El autor deduce al parecer, a partir de aquellas dos peculiaridades del material onírico, que durante el sueño se lleva a cabo de algún modo una expulsión semejante de impresiones carentes de valor como un proceso somático, y el soñar no es un proceso psíquico especial, sino tan solo la noticia que recibimos de esa eliminación.
Por lo demás, una excreción no es lo único que ocurre de noche en el alma. El propio Robert añade que, además, se elaboran los estímulos del día, y «lo que no se deja eliminar del material de pensamientos que yace indigerido en el espíritu, es unido mediante hilos de pensamiento tomados prestados de la fantasía en un todo acabado y así es incorporado a la memoria como un cuadro de fantasía inofensivo» (p. 23).
Teorías de Robert y Delage.
En el más áspero contraste con la teoría dominante se halla, sin embargo, Roberts en la apreciación de las fuentes del sueño. Mientras que según aquella no se soñaría en absoluto si los estímulos sensoriales externos e internos no despertaran una y otra vez el alma, el impulso para soñar radica, según la teoría de Roberts, en el alma misma, en su sobrecarga, que exige un descargo, y Robert juzga con completa consecuencia que las causas determinantes del sueño que residen en el estado físico ocupan un rango subordinado y de ningún modo podrían inducir a soñar a un espíritu en el cual no hubiera material tomado de la consciencia vigil para la formación del sueño. Solo se ha de admitir que las imágenes de fantasía que se desarrollan en el sueño desde las profundidades del alma pueden ser influidas por los estímulos nerviosos (p. 48). Así, pues, el sueño según Robert no es del todo dependiente de lo somático; si bien no es un proceso psíquico, no tiene lugar entre los