ambición ha sido el motivo principal de la fantasía, trasladarse a una de aquellas abrumadoras individualidades que gobiernan solo mediante el poder de sus pensamientos y de su elocuencia llameante la ciudad en la que entonces late convulsivamente el corazón de la humanidad, que envían a la muerte por convicción a miles de personas y preparan la transformación de Europa, sin estar seguros a la vez de sus propias cabezas, y que un día las ponen bajo la hoja de la guillotina, más o menos en el papel de uno de los girondinos o del héroe Dantón. A que la fantasía de Maury fue una de carácter ambicioso parece apuntar el rasgo conservado en la memoria «acompañado por una muchedumbre imponente».
Pero toda esta fantasía, terminada desde hace tiempo, tampoco necesita ser vivida de cabo a rabo durante el sueño; basta con que sea, por decirlo así, «tocada ligeramente». Me refiero a lo siguiente: Si se tocan unos cuantos compases y alguien dice al respecto, como en el «Don Juan»: Esto es de Las bodas de Fígaro de Mozart, entonces bulle en mi interior de golpe una marea de recuerdos de entre los cuales en el momento siguiente no puede alzarse a la consciencia nada singular. La consigna sirve como puesto de incursión desde el cual se pone en excitación simultáneamente a un todo. Del mismo modo no necesita ocurrir de otra manera en el pensamiento inconsciente. Mediante el estímulo de despertamiento se excita la estación psíquica que abre el acceso a toda la fantasía de la guillotina. Esta, sin embargo, no se recorre todavía en sueños, sino solo en el recuerdo de quien ha despertado. Despertado, uno recuerda ahora en sus detalles la fantasía que fue tocada como un todo en el sueño. No se tiene con ello