se lo echarías en cara y sospecharías que detrás del sueño se esconde una historia desagradable que quiere ahorrarse tomar en conocimiento. Procede contigo mismo del mismo modo; tu opinión de que el sueño es un absurdo solo significa una resistencia interna contra la interpretación del sueño. No te dejes disuadir». Así pues, me puse a la
»R. es mi tío«. ¿Qué puede significar eso? Si yo no he tenido más que un tío, el tío Josef3.
Con él, por lo demás, se trataba de una historia triste. Una vez, hace ya más de 30 años, se había dejado inducir, con ánimo de lucro, a un acto que la ley castiga severamente, y luego fue alcanzado también por el castigo.
Mi padre, a quien el pesar volvió entonces de pelo blanco en pocos días, solía decir siempre que el tío Josef nunca había sido una mala persona, pero sí un imbécil; así se expresaba.
Si, por tanto, el amigo R. es mi tío Josef, quiero decir con ello: R. es un imbécil. ¡Apenas creíble y muy desagradable!
Pero ahí está ese rostro que veo en mis sueños, con los rasgos alargados y la barba amarilla. Mi tío tenía verdaderamente un rostro así, alargado, enmarcado por una hermosa barba rubia.
Mi amigo R. era de un negro intenso, pero cuando los de pelo negro empiezan a canocerse, pagan caro el esplendor de sus años jóvenes. Su barba negra emprende, pelo a pelo, una desagradable migración de color; se vuelve primero pardo-rojiza, luego pardo-amarilla, y solo entonces definitivamente gris.
En este estadio se encuentra ahora la barba de mi amigo R.; por lo demás, también ya la mía, como observo con desagrado.