Algo semejante ocurre en otros sueños sencillos, cuando el estímulo somático es capaz de formar por sí solo un deseo. El sueño de la enferma que por la noche se arranca la compresa fría de la mejilla muestra un modo inusual de reaccionar ante los estímulos dolorosos con el cumplimiento de un deseo; parece que la enferma había logrado transitoriamente hacerse análgica, atribuyendo al mismo tiempo sus dolores a un extraño.
Mi sueño de las tres Parcas es un indudable sueño de hambre, pero sabe retrotraer la necesidad de alimento hasta el anhelo del niño por el pecho materno, y servirse del deseo inocente para encubrir otro más serio, que no puede manifestarse de forma tan descubierta.
En el sueño del conde Thun pudimos ver por qué vías una necesidad corporal dada accidentalmente se pone en relación con las mociones más fuertes, pero también más fuertemente suprimidas, de la vida anímica.
Y si, como en el caso referido por Garnier, el primer cónsul entreteje el ruido de la máquina infernal que explota en un sueño de batalla antes de despertarse, se revela en ello de manera muy clara el afán al servicio del cual la actividad anímica se ocupa en general de las sensaciones durante el sueño.
Un joven abogado, que se duerme lleno de su primer gran concurso de la tarde, se comporta de manera muy similar al gran Napoleón. Sueña con cierto G. Reich en Hussiatyn, a quien conoce por el concurso, pero Hussiatyn se impone de forma imperiosa; tiene que despertarse y oye a su mujer, que sufre de catarro bronquial, toser – con fuerza.
Pongamos juntos este sueño del primer Napoleón, que por cierto era un excelente durmiente, y aquel otro del estudiante amigo de dormir mucho, quien, despertado por la portera con el aviso de que debe ir al hospital, se sueña en una cama de hospital y luego sigue durmiendo con