que me parecía de orden del día en dicho síntoma, me respondió para mi asombro que ella nunca había tenido tales sueños. Pero sí se acordó de otro sueño que supuestamente no tenía nada que ver con aquello, un sueño que había soñado a los cuatro años, siendo entonces la menor, y que después repitió. > «Una multitud de niños, todos sus hermanos, hermanas, primos y primas, correteaban por un prado. De pronto les salían alas, echaban a volar y se iban.» No tenía idea alguna del significado del sueño; a nosotros no nos resultará difícil reconocer en él un sueño de la muerte de todos los hermanos en su forma original, poco afectada por la censura. Me atrevo a intercalar el siguiente análisis. Ante la muerte de uno de los miembros de la tropa infantil —los hijos de dos hermanos se criaban en este caso en comunidad fraternal—, nuestra soñadora de aún no cuatro años habrá preguntado a una persona sensata y adulta: ¿Qué se hace entonces con los niños cuando están muertos? La respuesta habrá rezado: Entonces les salen alas y se convierten en angelitos. En el sueño posterior a esta aclaración, todos los hermanos tienen ahora alas como ángeles y —lo que es principal— se van volando. Nuestra pequeña creadora de ángeles se queda sola, ¡pensemos, la única después de semejante caterva! Que los niños correteen por un prado del cual se van volando apunta de manera casi inequívoca a las mariposas, como si la misma asociación de ideas hubiera guiado al niño que indujo a los antiguos a representar la psique con alas de
La idea que el niño tiene de «estar muerto».
Tal vez alguien objete ahora que hay que admitir los impulsos hostiles de los niños hacia sus hermanos, pero ¿cómo llega la mente infantil a la