uno de ellos crea pensamientos oníricos perfectamente correctos y equivalentes al pensamiento normal; el otro procede con estos de un modo sumamente extraño e incorrecto. A este último ya lo hemos aislado en la sección VI como la labor onírica propiamente dicha. ¿Qué tenemos ahora que aducir para la derivación de este último proceso psíquico?
Los mismos procesos anormales en las neurosis.
No podríamos dar aquí una respuesta si no nos hubiésemos adentrado hasta cierto punto en la psicología de las neurosis, especialmente de la histeria. Pero de esta sabemos que los mismos procesos psíquicos incorrectos —y otros no enumerados— dominan la producción de los síntomas histéricos.
También en la histeria encontramos primeramente una serie de pensamientos totalmente correctos, plenamente equivalentes a los conscientes, de cuya existencia en esta forma no podemos saber nada y que solo reconstruimos a posteriori. Si han llegado de algún modo a nuestra percepción, vemos por el análisis del síntoma formado que estos pensamientos normales han sufrido un tratamiento anormal y han sido convertidos en el síntoma mediante condensación, formación de compromisos, a través de asociaciones superficiales, bajo el enmascaramiento de las contradicciones, eventualmente por la vía de la regresión.
Dada la total identidad entre las peculiaridades de la labor onírica y la actividad psíquica que desemboca en los síntomas psiconeuróticos, nos consideraremos autorizados a trasladar al sueño las conclusiones a las que nos obliga la histeria.
De la doctrina de la histeria extraemos la proposición *de que tal elaboración anímica anormal de una cadena de pensamientos normal solo