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nydus/Die TraumdeutungPublic
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VI. La labor del sueño.

embargo, siempre estaba de vacaciones, siempre de veraneo y así me sentaba a echar una mano al maestro. A menudo me resultaba de veras incómodo, lamentaba la pérdida del tiempo en el que habría sabido ocuparme mejor y con más utilidad. A veces, si algo no salía del todo a la medida y al corte, tenía que aguantar una reprimenda del maestro; de un salario semanal, en cambio, jamás se hablaba. A menudo, cuando estaba así sentado con la espalda encorvada en el taller oscuro, me proponía dejar el trabajo y hacerme el desentendido. Una vez incluso lo hice, pero el maestro no se dio por aludido, y al poco rato volvía a estar sentado junto a él cosiendo«

»¡Cómo me alegró el despertar después de horas tan aburridas! Y entonces me propuse que, si este intruso sueño volvía a presentarse alguna vez, lo alejaría con energía exclamando en voz alta: es solo una ilusión, estoy en la cama y quiero dormir . . . Y a la noche siguiente volví a estar sentado en el taller del sastre.«

»Así pasaron los años con una regularidad inquietante. Hubo una vez en que nosotros, el maestro y yo, trabajábamos en el Alpelhofer, aquel campesino con el que había entrado de aprendiz, en la que mi maestro se mostró especialmente descontento con mi trabajo. «¡Solo quisiera saber en dónde tienes la cabeza!», dijo y me miró algo sombrío. Pensé que lo más sensato sería levantarme ahora mismo, hacerle ver al maestro que solo estaba con él por cortesía y largarme de allí. Pero no lo hice. Me resigné cuando el maestro acogió a un aprendiz y me ordenó que le cedería el sitio en el banco. Me arrinconé y cosí. Ese mismo día contrataron también a un oficial, un devoto, era el bohemio que

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