sustituto de mi propio yo (en el sueño yo soy su sustituto). Yo soy el gobernador que muere repentinamente. Los pensamientos oníricos tratan sobre el porvenir de los míos tras mi muerte prematura. No se encuentra ningún otro pensamiento penoso en los pensamientos oníricos. El terror que en el sueño está soldado a la visión del buque de guerra debe ser desprendido de allí y trasladado aquí. Por el contrario, el análisis muestra que la región de los pensamientos oníricos de donde está tomado el buque de guerra está llena de los recuerdos más alegres. Ocurrió un año antes en Venecia: estábamos un día de belleza mágica junto a las ventanas de nuestra habitación en la Riva Schiavoni y mirábamos la laguna azul, en la que hoy había más movimiento que de costumbre. Se esperaban barcos ingleses que debían ser recibidos solemnemente, y de repente mi mujer exclamó alegre como una niña: ¡Ahí viene el buque de guerra inglés! En el sueño me asusto ante las mismas palabras; vemos de nuevo que el discurso en sueños proviene del discurso en la vida. Mostraré en seguida que tampoco el elemento «inglés» se ha perdido para la labor del sueño en este discurso. Oscilo, por tanto, aquí entre pensamientos oníricos y contenido manifiesto del sueño: alegría por terror, y solo necesito insinuar que con esta transformación expreso yo mismo un fragmento del contenido onírico latente. El ejemplo demuestra, sin embargo, que la labor del sueño tiene la libertad de separar el motivo afectivo de sus conexiones en los pensamientos oníricos e introducirlo en cualquier otro lugar del contenido onírico.
Aprovecho la ocasión que casualmente se presenta para someter a un análisis más detallado el «barco de desayuno», cuya aparición en el sueño concluye de un modo tan absurdo una situación