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nydus/Die TraumdeutungPublic
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V. El material del sueño y las fuentes del sueño.

Donde algo en el sueño tiene el carácter de un discurso, es decir, cuando es dicho o escuchado, no meramente pensado —lo que las más de las veces se puede distinguir con seguridad—, proviene de discursos de la vida despierta, que por cierto han sido tratados como materia prima, fragmentados, ligeramente modificados, pero sobre todo arrancados de su contexto11. En la labor de interpretación se puede partir de tales discursos. ¿De dónde proviene entonces el discurso del carnicero: Eso ya no se puede conseguir? De mí mismo; yo le había declarado pocos días antes

«que las vivencias infantiles más antiguas ya no se pueden conseguir como tales, sino que son reemplazadas en el análisis por “transferencias” y sueños». Soy yo, por lo tanto, el carnicero, y ella rechaza estas transferencias de modos de pensar y sentir antiguos al presente. —¿De dónde proviene su discurso de duelo: Eso no lo conozco, eso no lo acepto? Este debe dividirse para el análisis. «Eso no lo conozco» se lo había dicho ella misma el día anterior a su cocinera, con la que había tenido una discusión, añadiendo entonces, sin embargo: Compórtese de manera decente. Aquí se hace perceptible un desplazamiento; de las dos frases que usó contra su cocinera, ha tomado al sueño la insignificante; pero la reprimida: «¡Compórtese de manera decente!» es la única que coincide con el restante contenido del sueño. Así se le podría gritar a alguien que se arriesga a hacer pretensiones indecentes y olvida «cerrar con llave la carnicería». Que realmente hemos dado con la pista de la interpretación lo prueba luego la concordancia con las alusiones contenidas en el suceso con la verdulera. Una verdura que se vende atada en manojos (alargada, como añade después) y a la vez negra, ¿qué puede ser sino la unión onírica de espárragos y rábano negro? No necesito explicarle los espárragos a ningún entendido ni a ninguna entendida, pero también la otra verdura —a modo de exclamación: ¡Negro, sálvate [rett’ dich]!*— parece apuntar al mismo tema sexual que adivinamos ya al principio, cuando queríamos comenzar el relato del sueño: la carnicería estaba cerrada. No se trata de reconocer por completo el sentido de este sueño; lo seguro es que tiene sentido y no es en absoluto inofensivo12.

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