hay un hombre joven (una personalidad conocida por ella, un desconocido), hacia el cual se dirige para preguntarle cómo se pueden trasplantar esas ramas a su propio jardín . Él la abraza, ante lo cual ella se resiste y le pregunta qué se ha creído, si está permitido abrazarla así. Él dice que eso no es injusto, que está permitido. Luego se muestra dispuesto a ir con ella al otro jardín para enseñarle a replantarlas, y le dice algo que ella no entiende del todo: De todos modos me faltan tres metros —(más tarde dice: metros cuadrados ) o tres brazas de terreno. Es como si él fuera a pedirle algo a cambio de su buena disposición, como si tuviera la intención de compensarse en el jardín de ella , o como si quisiera burlar alguna ley, sacar ventaja de ello sin que ella sufra ningún perjuicio. Si al final él le enseña realmente algo, no lo sabe.
Naturalmente tengo ahora mismo abundancia de semejante material, pero su comunicación llevaría demasiado lejos en la discusión de condiciones neuróticas.
Todo conducía a la misma conclusión: que no hay necesidad de suponer ninguna actividad simbolizante especial del alma en la labor del sueño, sino que el sueño se sirve de tales simbolizaciones, que ya se encuentran plenamente contenidas en el pensamiento inconsciente, porque satisfacen mejor las exigencias de la formación del sueño debido a su aptitud para la representación y, por lo general también, a su libertad de censura.
e) La representación por símbolos en el sueño. Otros sueños típicos.
Si uno se ha familiarizado con el uso exhaustivo del simbolismo para la representación de material sexual en los sueños, debe plantearse la pregunta de si muchos de estos símbolos, al igual que los «signos» de la estenografía, no aparecen con un significado fijado de una vez para siempre, y se ve