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nydus/Die TraumdeutungPublic
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VI. La labor del sueño.

consideración hacia personas tan queridas en aras de mi ambición. Sin embargo, con cualquier encubrimiento habría quedado arruinado el sentido del sueño, que me es bien conocido. Por eso me con­tento con extraer aquí primero, y en un lugar posterior más adelante, algunos elementos del sueño para su interpretación.

El centro del sueño lo forma una escena en la que destruyo a P. con una mirada. Sus ojos adquieren entonces un azul tan extraño y siniestro, y luego él se disuelve. Esta escena es la inconfundible reproducción de una vivida en la realidad. Yo era demostrador en el instituto fisiológico, hacía el turno de las primeras horas, y Brücke se había enterado de que en un par de ocasiones había llegado tarde al laboratorio de estudiantes. Así pues, un día vino puntual a la apertura y me estuvo esperando. Lo que me dijo fue escueto y firme; pero las palabras no importaban en absoluto. Lo abrumador fueron los terribles ojos azules con los que me miró, y ante los cuales me desvanecí, como P. en el sueño, que para mi alivio ha invertido los papeles. Quien pueda recordar los ojos del gran maestro, hermosos hasta su avanzada vejez, y lo haya visto alguna vez encolerizado, podrá imaginarse fácilmente lo que sintió el joven pecador de entonces.

Pero durante mucho tiempo no logré deducir aquel «Non vixit» con el que en el sueño ejerzo tal justicia, hasta que caí en la cuenta de que estas dos palabras no habían poseído una claridad tan alta en el sueño por haber sido oídas o gritadas, sino por haber sido vistas. Entonces supe de inmediato de dónde procedían. En el pedestal del monumento al emperador José, en el Hofburg de Viena, pueden leerse esas hermosas palabras:

De esta inscripción yo

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