Los sueños aparentemente inofensivos resultan ser graves si uno se esmera en su interpretación; si se me permite la expresión, son unos «farsantes redomados» [literalmente: tienen la malicia muy bien escondida]. Dado que este es a su vez un punto en el que puedo esperar oposición, y dado que aprovecho con gusto la ocasión para mostrar a la desfiguración onírica en su labor, quiero someter aquí a análisis una serie de sueños «inofensivos» de mi colección.
Ejemplos de sueños «inofensivos».
I. Una joven inteligente y fina, pero que en la vida pertenece también al grupo de las reservadas, de las «aguas mansas», cuenta: He soñado que llego tarde al mercado y que no consigo nada ni en la carnicería ni en la verdulería.
Sin duda, un sueño inofensivo, pero un sueño no tiene ese aspecto; pido que me lo cuenten detalladamente. Entonces, el relato es el siguiente: Va al mercado con su cocinera, que lleva la cesta. El carnicero le dice, después de que ella le ha pedido algo: Ya no queda de eso, y quiere darle otra cosa con la observación: Esto también es bueno. Ella lo rechaza y va a la verdulería. Esta quiere venderle una verdura peculiar, que está atada en manojos, pero de color negro. Ella dice: Eso no lo conozco, eso no lo tomo.
La conexión diurna del sueño es bastante sencilla. Había ido realmente demasiado tarde al mercado y ya no había conseguido nada.
La carnicería ya estaba cerrada, se le impone a uno como descripción de la vivencia.
Pero alto, ¿no es esa una frase hecha bastante grosera, que —o más bien lo contrario— alude a un descuido en la vestimenta de un hombre? Por lo demás, la soñadora no ha empleado estas palabras, tal vez las ha evitado; busquemos la interpretación de los detalles contenidos en el sueño.