representaciones desnudas o de los estímulos orgánicos junto con tales representaciones, es decir, sin que la reflexión y el entendimiento, el gusto estético y el juicio moral puedan intervenir en ello». Los autores cuyas opiniones reproduzco aquí se representan la formación de los sueños más o menos de este modo: la suma de los estímulos sensoriales que actúan durante el sueño, procedentes de las distintas fuentes mencionadas en otra parte, despierta en el alma, en primer lugar, una serie de representaciones que se manifiestan como alucinaciones (según Wundt, más exactamente ilusiones debido a su procedencia de los estímulos externos e internos). Estas se enlazan entre sí según las conocidas leyes de la asociación y despiertan, a su vez, conforme a las mismas reglas, una nueva serie de representaciones (imágenes). Todo el material es procesado entonces por el remanente aún activo de las facultades anímicas ordenadoras y pensantes, tan bien como puede (véase, por ejemplo, a Wundt y Weygandt). Sencillamente aún no se ha logrado discernir los motivos que deciden que la evocación de las imágenes no procedentes del exterior tenga lugar según esta o aquella ley de
Se ha observado repetidamente, sin embargo, que las asociaciones que vinculan entre sí las representaciones oníricas son de una índole muy peculiar y distintas de las activas en el pensamiento en estado de vigilia.
Así dice Volkelt (p. 15):
»Im Traume jagen und haschen sich die Vorstellungen nach zufälligen Ähnlichkeiten und kaum wahrnehmbaren Zusammenhängen. Alle Träume sind von solchen nachlässigen, zwanglosen Assoziationen durchzogen.«
Maury concede el mayor valor a este carácter de la fijación de las representaciones, que le permite aproximar la vida onírica a ciertos