He suspendido, por ejemplo, el examen de doctorado en medicina legal; jamás este asunto me ha causado quebraderos de cabeza en sueños, mientras que con bastante frecuencia he sido examinado en botánica, zoología o química, asignaturas a cuyos exámenes había acudido con un temor bien fundado, pero cuya sanción evité gracias al favor del destino o del examinador. En el sueño sobre el examen de bachillerato soy examinado regularmente en historia, materia en la que entonces había obtenido una calificación brillante, aunque ciertamente solo porque mi amable profesor —el ayudante tuerto de otro sueño, véase la p. 13— no había pasado por alto que en la papeleta del examen que le devolví, la del medio de tres preguntas estaba tachada con la uña, en señal de advertencia de que no debía insistir en ella. Uno de mis pacientes, que había renunciado al examen de bachillerato y lo había realizado más tarde, pero que luego suspendió el examen de oficial y no llegó a serlo, me cuenta que sueña con frecuencia con el primero de estos exámenes, pero jamás con el segundo.
Los sueños de exámenes oponen ya a la interpretación aquella dificultad que indiqué antes como característica de la mayor parte de los sueños típicos. El material de asociaciones que el soñador pone a nuestra disposición solo raras veces basta para la interpretación. Hay que formarse una mejor comprensión de tales sueños reuniendo una serie más amplia de ejemplos. Hace poco adquirí la firme impresión de que la objeción: ¡Pero si ya eres doctor y cosas así! no solo encubre el consuelo, sino que también apunta a un reproche. Este habría rezado: Ya eres muy mayor, has avanzado mucho en la vida, y sigues haciendo tales estupideces, infantilidades. Esta mezcla de autocrítica y consuelo correspondería al contenido latente de los sueños de exámenes. Ya no resulta tan sorprendente entonces que,