es que los procesos primarios están dados en él desde el principio, mientras que los secundarios solo se desarrollan gradualmente en el curso de la vida, inhiben y superponen a los primarios y tal vez alcancen su plena supremacía sobre ellos recién en la madurez vital. A consecuencia de esta llegada tardía de los procesos secundarios, el núcleo de nuestro ser, compuesto por mociones de deseo inconscientes, permanece inalcanzable e inhibible para el preconsciente, cuyo papel queda limitado de una vez por todas a señalar los caminos más convenientes a las mociones de deseo procedentes de lo inconsciente. Estos deseos inconscientes representan para todos los esfuerzos anímicos posteriores una coacción a la que han de someterse, y que a lo sumo pueden esforzarse en derivar y encauzar hacia metas superiores. Un gran territorio del material mnémico permanece asimismo inaccesible como consecuencia de esta tardanza de la investidura preconsciente.
La represión.
Entre estos impulsos desiderativos procedentes de lo infantil, indestructibles e inhibibles, se encuentran ahora también aquellos cuya realización ha entrado en relación de contradicción con las representaciones de fin del pensamiento secundario. La realización de estos deseos ya no provocaría un afecto de placer, sino de displacer, y precisamente esta transformación afectiva constituye la esencia de aquello que denominamos «represión» y en lo cual reconocemos la etapa previa infantil de la condena (del rechazo mediante el juicio). Por qué vía, a través de qué fuerzas pulsionales puede llevarse a cabo tal transformación, en eso consiste el problema de la represión, que aquí solo necesitamos rozar. Nos basta con retener que semejante transformación afectiva ocurre en el curso del desarrollo (piénsese tan solo en la aparición del asco, inicialmente ausente en la vida infantil) y que está ligada a la actividad del sistema secundario. Los recuerdos desde los cuales el deseo inconsciente provoca la descarga afectiva nunca fueron accesibles al Pcs; por eso tampoco puede inhibirse su descarga