vincula el hecho que ya conocemos con el esquema del aparato anímico dotado de una dirección. Y es aquí donde, por primera vez, vale la pena haber establecido un esquema semejante.
Pues otra peculiaridad de la formación de los sueños se nos hará comprensible sin nueva reflexión, sirviéndonos únicamente del esquema.
Si consideramos el proceso onírico como una regresión dentro del aparato anímico que hemos supuesto, se nos explica por sí mismo el hecho, constatado empíricamente, de que todas las relaciones lógicas de los pensamientos oníricos se pierden en la labor del sueño o solo hallan una expresión penosa.
Según nuestro esquema, estas relaciones lógicas no están contenidas en los primeros sistemas Pe, sino en otros situados más hacia adelante, y en la regresión hasta las imágenes de percepción tienen que perder su expresión.
El tejido de los pensamientos oníricos es disuelto en su material bruto durante la regresión.
Regresión histérica, visiones.
¿Mediante qué modificación, sin embargo, se hace posible la regresión, imposible de día? Aquí queremos atenernos a meras conjeturas. Debe de tratarse de modificaciones en las cargas energéticas de los distintos sistemas, a través de las cuales estos se vuelven más permeables o impermeables para el curso de la excitación; pero en un aparato de este tipo, el mismo efecto para el curso de la excitación podría lograrse mediante más de una clase de tales alteraciones. Naturalmente, se piensa de inmediato en el estado de sueño y en las modificaciones de carga que este provoca en el extremo sensorial del aparato. De día hay una corriente continua que fluye desde el sistema Ψ de la W hacia la motilidad; de noche esto cesa y ya no podría oponer