consecuencia de la cual se disuelve su vinculación con las imágenes; las imágenes perceptivas de cosas, personas, localidades, acontecimientos y acciones de la vida vigil se reproducen individualmente de forma muy numerosa, pero ninguna de ellas trae consigo su valor psíquico. Este se ha desprendido de ellas y por eso flotan a la deriva en la mente según sus propios recursos . . . .»
La absurdidad del sueño.
Esta desnudación de las imágenes de su valor anímico, que a su vez se remonta a la alejación del mundo exterior, debe de tener, según Strümpell, una parte principal en la impresión de extrañeza con que el sueño se contrapone a la vida en nuestra memoria.
Hemos oído que ya el adormecimiento trae consigo la renuncia a una de las actividades anímicas, a saber, a la dirección voluntaria del curso de las representaciones.