naiveren Zeitaltern auch vor der dichterischen Darstellung grob sexueller Traumbefriedigungen nicht scheute, mag das folgende griechische Liebesgedicht (Ausg. v. O. Kiefer) zeigen:
Como contrapartida cabe citar el cuento jocoso griego del juez sabio «que recomendó a una cortesana que se contentara con el reflejo de su paga en un espejo, cuando ella le exigió a su amante la retribución por haber gozado de ella en sueños» (v. d. Leyen, p. 98).
Posiblemente pertenezca también a este contexto la fábula del hermoso joven Endimión, a quien su amada Selene, tan a menudo como se dormía fatigado de la caza, visitaba amorosamente en tierno abrazo, y a quien su padre Zeus concedió el sueño eterno y la juventud a petición suya.
Esta encantadora fantasía fue interpretada por Wieland en el «Musarion» como un sueño de deseos eróticos:
No sólo la continuación a placer del pensamiento en vigilia durante el estado de sueño