la formación de nuevas unidades (personas colectivas, formaciones mixtas) y la creación de comunes denominadores intermedios como detalles de la labor de condensación. Para qué sirve la condensación y qué la exige, solo nos lo preguntaremos cuando queramos comprender los procesos psíquicos en la formación de los sueños en su conjunto. Contentémonos por ahora con constatar la condensación onírica como una relación notable entre los pensamientos del sueño y el contenido del sueño.
Compresiones de palabras y nombres.
Lo más tangible resulta la labor de condensación del sueño cuando elige palabras y nombres como sus objetos. Las palabras son tratadas por el sueño a menudo como si fueran cosas y experimentan entonces las mismas composiciones, desplazamientos, sustituciones y, por lo tanto, también condensaciones que las representaciones de cosas. Creaciones verbales cómicas y extrañas son el resultado de tales sueños.
Cuando en una ocasión un colega me envió un ensayo de su autoría en el cual, a mi juicio, se sobrestimaba un descubrimiento fisiológico moderno y, sobre todo, se trataba en términos desmedidos, soñé la noche siguiente una frase que evidentemente se refería a este tratado: «Ese es un estilo verdaderamente norekdaler.»
La descomposición de esta estructura verbal me causó dificultades al principio; no cabía duda de que había sido imitada paródicamente a partir de los superlativos «colosal, piramidal», pero de dónde procedía no era fácil de decir. Por fin, el monstruo se descompuso en los dos nombres Nora y Ekdal de dos obras de teatro conocidas de Ibsen. Del mismo autor, cuya última obra criticaba yo así en el sueño, había leído antes un artículo periodístico sobre Ibsen.
II. Una de mis pacientes me comunica un sueño breve que desemboca en una combinación de palabras carente de sentido. Se encuentra con su marido en una