offenes Fenster ausging. Dort setzte mich der Führer ab und legte zwei bereitstehende Holzbretter auf das Fensterbrett, um so den Abgrund zu überbrücken, der vom Fenster aus zu überschreiten war. Ich bekam jetzt wirklich Angst für meine Beine. Anstatt des erwarteten Überganges sah ich aber zwei erwachsene Männer auf Holzbänken liegen, die an den Wänden der Hütte waren, und wie zwei Kinder schlafend neben ihnen. Als ob nicht die Bretter, sondern die Kinder den Übergang ermöglichen sollten. Ich erwache mit Gedankenschreck.*
Análisis del asombro onírico.
Quien se haya formado tan solo una vez una idea clara de la prodigiosa condensación de los sueños, se imaginará fácilmente qué cantidad de páginas debe ocupar el análisis detallado de este sueño. Por fortuna para la ilación, tomo del sueño tan solo el único ejemplo de la extrañeza en el sueño, que se manifiesta en la inserción «por demás extraño». Abordo el motivo del sueño. Se trata de una visita de aquella señora Louise N., quien también asiste al trabajo en el sueño. «Préstame algo para leer». Le ofrezco She, de Rider Haggard. Un libro «extraño, pero lleno de un sentido oculto», quiero explicarle; «lo eternamente femenino, la inmortalidad de nuestros afectos – –». Entonces me interrumpe: eso ya lo conozco. ¿No tienes nada propio? – «No, mis propias obras inmortales todavía no están escritas». – ¿Y cuándo aparecen entonces tus llamadas últimas aclaraciones, que, según prometes, también serán legibles para nosotros?, pregunta algo hiriente. Me doy cuenta ahora de que es otro el que me hace amonestar a través de su boca, y enmudezco. Pienso en la superación que me cuesta enviar a la publicidad incluso el trabajo sobre el sueño, en el que debo revelar tanto de mi propio ser íntimo. «Lo mejor que sabes no debes decírselo de todos modos a