Este hecho permite una serie de sueños de angustia, mientras que otra serie de estas formaciones oníricas desfavorables a la teoría del deseo deja ver un mecanismo diferente.
La angustia en los sueños puede ser de índole psiconeurótica, provenir de excitaciones psicosexuales, correspondiendo entonces la angustia a la libido reprimida. En tal caso, esta angustia, al igual que todo el sueño de angustia, tiene el significado de un síntoma neurótico, y nos hallamos en el límite donde la tendencia del sueño a la cumplimiento de deseos fracasa.
Pero en otros sueños de angustia, la sensación de angustia está dada de forma somática (como por ejemplo en los enfermos del pulmón y del corazón ante una dificultad respiratoria casual), y entonces se la utiliza para ayudar a realizarse como sueño a aquellos deseos enérgicamente reprimidos cuyo soñar, por motivos psíquicos, habría tenido como consecuencia la misma liberación de angustia.
No es difícil unificar los dos casos aparentemente separados. De dos formaciones psíquicas, una tendencia afectiva y un contenido de representación, que se pertenecen íntimamente, la una —la dada actualmente— evoca en el sueño también a la otra; ya sea la angustia dada somáticamente la que evoca el contenido de representación reprimido, ya sea el contenido de representación liberado de la represión y acompañado de excitación sexual el que evoca la liberación de angustia.
Del primer caso se puede decir que un afecto dado somáticamente se interpreta psíquicamente; en el otro caso todo está dado psíquicamente, pero el contenido que había estado reprimido se reemplaza fácilmente por una interpretación somática adecuada a la angustia. Las dificultades que aquí surgen para la comprensión tienen muy poco que ver con el sueño; provienen de que con estas discusiones rozamos los problemas del desarrollo de la angustia y de la represión.