Ocurre primero que en el contenido del sueño aparece un material que luego, en estado de vigilia, uno no reconoce como perteneciente a su saber y a su experiencia. Uno tal vez recuerda haber soñado lo pertinente, pero no recuerda si lo ha vivido ni cuándo. Uno permanece entonces en la incertidumbre acerca de qué fuente ha extraído el sueño, y suele verse tentado a creer en una actividad del sueño de producción autónoma, hasta que, a menudo después de mucho tiempo, una nueva vivencia devuelve el recuerdo perdido de la vivencia anterior y con ello revela la fuente del sueño.
Hay que admitir entonces que en el sueño se había sabido y recordado algo que estaba vedado a la capacidad de recuerdo en la vigilia4.
Un ejemplo especialmente impresionante de este tipo lo cuenta Delboeuf a partir de su propia experiencia onírica. Vio en sueños el patio de su casa cubierto de nieve y encontró dos pequeños lagartos medio congelados y enterrados bajo la nieve, los cuales, como amigo de los animales, recogió, calentó y devolvió al pequeño escondite en la mampostería destinado para ellos.
Además, les metió unas cuantas hojas de un pequeño helecho que crecía en el muro y que, según sabía, les encantaba. En el sueño conocía el nombre de la planta: Asplenium ruta muralis.
– El sueño continuaba entonces, volvía a los lagartos tras una interrupción y mostraba a Delboeuf, para su asombro, dos animalitos nuevos que se habían lanzado sobre los restos de los helechos. Luego dirigía la mirada al campo abierto, veía a un quinto, a un sexto lagarto tomar el camino hacia el agujero en el muro y finalmente toda la calle estaba cubierta por una procesión de lagartos que marchaban todos en la misma dirección.
El saber de Delboeuf en estado de vigilia abarcaba solo unos pocos nombres latinos de plantas y no incluía el conocimiento de un