de este desvío, una transformación en investidura en reposo, probablemente con elevación del nivel. Asumo, por tanto, que el curso de la excitación bajo el dominio del segundo sistema queda ligado a condiciones mecánicas muy distintas de las que rigen bajo el dominio del primero. Una vez que el segundo sistema ha concluido su labor de pensamiento probatorio, levanta también la inhibición y el estancamiento de las excitaciones y permite que estas fluyan hacia la motilidad.
Se nos ocurre ahora una interesante cadena de pensamientos si consideramos las relaciones de esta inhibición del flujo por el segundo sistema con la regulación por el principio de displacer. Busquemos la contrapartida de la experiencia de satisfacción primaria: la experiencia de terror exterior. Actúe un estímulo de percepción sobre el aparato primitivo, el cual es fuente de una excitación de dolor. Se producirán entonces expresiones motoras desordenadas hasta que una de ellas sustraiga el aparato de la percepción y al mismo tiempo del dolor, y esta será repetida inmediatamente al reaparecer la percepción (como un movimiento de huida, por ejemplo) hasta que la percepción vuelva a desaparecer. Sin embargo, no quedará aquí ninguna tendencia a ocupar de nuevo la percepción de la fuente de dolor de un modo alucinatorio o de cualquier otro. Más bien existirá en el aparato primario la tendencia a abandonar de nuevo esta imagen mnémica displacentera tan pronto como sea despertada de algún modo, pues el desbordamiento de su excitación hacia la percepción provocaría displacer (más exactamente: empieza a provocarlo). La retirada del recuerdo, que no es sino una repetición de la otrora huida de la percepción, se ve facilitada también por el hecho de que el recuerdo no posee, a diferencia de la percepción, la calidad suficiente como para excitar la conciencia y atraer con ello una nueva investidura. Esta retirada del