incluso desde todas aquellas regiones del cuerpo de las que uno jamás se ha ocupado en estado de vigilia. Así se ve perturbado el sueño; el alma es sacudida ora por este, ora por aquel pequeño cabo y funciona entonces durante un ratito con la parte despertada, feliz de volver a dormirse. El sueño es la reacción a la perturbación del sueño causada por el estímulo; por lo demás, una reacción puramente superflua.
Teoría del sueño parcial del alma.
Denominar al sueño, que al fin y al cabo sigue siendo una función del órgano anímico, como un proceso corporal tiene, sin embargo, todavía otro sentido. Con ello se le pretende negar al sueño la dignidad de un proceso psíquico. La comparación, ya muy antigua en su aplicación al sueño, de »los diez dedos de una persona que no sabe nada de música y se deslizan sobre las teclas del instrumento«, ilustra quizás del mejor modo qué valoración ha encontrado la producción onírica por lo general entre los representantes de la ciencia exacta. Bajo este concepto, el sueño se convierte en algo totalmente e irremediablemente ininterpretable; pues ¿cómo podrían los diez dedos del ejecutante antimusical producir una pieza musical?
Ya desde los primeros tiempos no faltaron objeciones a la teoría del despertar parcial. Burdach opina en 1830:
»Cuando se dice que el sueño es un despertar parcial, en primer lugar no se explica con ello ni el despertar ni el dormir, y en segundo lugar no se dice otra cosa sino que algunas fuerzas del alma están activas durante el sueño mientras otras descansan. Pero semejante desigualdad tiene lugar durante toda la vida . . .« (p. 483).
A la teoría dominante sobre los sueños, que ve en el sueño un proceso «corporal», se adhiere una concepción muy interesante del mismo, formulada recién en 1866 por Robert, la cual resulta cautivadora porque sabe indicar para el soñar una función, un éxito útil.