los sueños, no pueda seguir el desarrollo histórico de mis propias intuiciones. Los puntos de vista para la comprensión del sueño me habían sido dados por trabajos previos sobre la psicología de las neurosis, a los cuales no debo remitirme aquí y, sin embargo, tengo que remitirme una y otra vez, mientras que yo desearía proceder en dirección inversa y alcanzar a partir del sueño la conexión con la psicología de las neurosis. Conozco todas las incomodidades que de ello se derivan para el lector; pero no sé de ningún medio para evitarlas.
Inatisfecho con este estado de cosas, me detengo gustoso en otro punto de vista que parece elevar el valor de mi esfuerzo. Encontré un tema dominado por las más agudas contradicciones en las opiniones de los autores, como ha demostrado la introducción del primer capítulo. Tras nuestro tratamiento de los problemas del sueño, se ha hecho lugar para la mayoría de estas contradicciones. Solo a dos de las opiniones expresadas, la de que el sueño es un proceso insensato y la de que es un proceso somático, tuvimos que oponernos decididamente; pero, por lo demás, hemos podido dar la razón a todas las opiniones contradictorias en algún punto de su intrincado conjunto y demostrar que habían descubierto algo correcto. * Que el sueño prosigue los estímulos e intereses de la vida de vigilia se ha confirmado de manera general mediante el descubrimiento de los pensamientos oníricos latentes. Estos se ocupan únicamente de lo que nos parece importante y nos interesa poderosamente. El sueño nunca se ocupa de naderías. * Pero también hemos admitido lo contrario: que el sueño recoge los desperdicios indiferentes del día y no puede apoderarse de un gran interés diurno hasta que este se ha sustraído en cierta medida a la labor de la vigilia. Hallamos esto válido para