florida que, según hemos averiguado, significa al mismo tiempo inocencia y pecaminosidad sexual. Por la disposición de las flores, la rama recuerda además a flores de cerezo; las flores en sí, tomadas individualmente, son camelias, y a todo esto se añade que el conjunto da la impresión de un vegetal exótico. Lo que los elementos de esta formación híbrida tienen en común se desprende de los pensamientos oníricos. La rama florida está compuesta por alusiones a regalos mediante los cuales fue inducida, o debía serlo, a mostrarse complaciente. Así, en la infancia, las cerezas; en años posteriores, una planta de camelia; lo exótico es una alusión a un naturalista muy viajero que quiso cortejarla con un dibujo de flores. Otra paciente crea en sueños un término medio entre casetas de baño de un balneario marino, letrinas rurales y los desvanes de nuestras viviendas urbanas. A los dos primeros elementos les es común la relación con la desnudez humana y el desnudarse; por la combinación con el tercer elemento se puede deducir que (en su infancia) el desván fue también el escenario de episodios de desnudez. Un soñador crea una localidad híbrida a partir de dos lugares en los que se hace una «cura»: mi consultorio y el local público en el que conoció por primera vez a su mujer. Una muchacha, después de que su hermano mayor le prometiera invitarla a caviar, sueña de este hermano que sus piernas están salpicadas de las perlas negras del caviar. Los elementos de la «infección» en sentido moral y el recuerdo de una erupción de la infancia, que hacía que las piernas parecieran salpicadas de puntitos rojos en lugar de negros, se han unido aquí con las perlas de caviar para formar un nuevo concepto de «lo que ha recibido de su hermano».
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VI. La labor del sueño.
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