permitido expresar un deseo proveniente del Incs tras toda clase de deformaciones, mientras que el sistema dominante se ha retirado al deseo de dormir, y realiza este deseo mediante la instauración de los cambios de investidura posibles para él dentro del aparato psíquico, reteniéndolo finalmente durante toda la duración del sueño17.
El deseo de dormir.
Este deseo retenido del preconsciente de dormir actúa ahora de un modo muy general aliviando la formación de los sueños. Pensemos en el sueño del padre, al que el haz de luz procedente de la habitación mortuoria induce a deducir que el cadáver podría haberse incendiado. Hemos señalado como una de las fuerzas psíquicas determinantes de que el padre extraiga esta conclusión en el sueño, en lugar de dejarse despertar por el haz de luz, el deseo que prolonga un instante la vida del niño representado en el sueño. Es probable que otros deseos procedentes de lo reprimido se nos escapen porque no podemos realizar el análisis de este sueño; pero como segundo motor de este sueño podemos añadir la necesidad de dormir del padre: del mismo modo que mediante el sueño se prolonga la vida del niño, también se prolonga un instante el sueño del padre. Dejar transcurrir el sueño, reza esta motivación, pues de otro modo he de despertarme. Al igual que en este sueño, también en todos los demás el deseo de dormir presta su apoyo al deseo inconsciente. En la página 96 hemos informado sobre sueños que se manifiestan abiertamente como sueños de comodidad. En realidad, todos los sueños tienen derecho a esta denominación. En los sueños de despertar, que elaboran el estímulo sensorial externo de tal modo que resulte compatible con la continuación del sueño, entretejiéndolo en él para arrebatarle las pretensiones que podría plantear como advertencia del mundo exterior, es donde resulta más fácil reconocer la eficacia del deseo de seguir durmiendo. No obstante, este mismo deseo debe de participar asimismo en la configuración de